Lógica de la acción terrorista
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Lógica de la acción terrorista
     
 
El concepto de 'inversión' en la lógica de la acción terrorista
Luis G. Encinas
10/3/03
Una frase reciente de kolokao [ http://boards2.melodysoft.com/app?ID=socioainhara&msg=2462 ], en la que decía que los terroristas de las Torres Gemelas eran 'normales' en cuestión de luces (sic), me ha despertado la necesidad de escribir sobre una pregunta de las miles que rondan por mi cabeza: ¿Estaban locos los suicidas asesinos que estrellaron los aviones contra los famosos edificios en aquel 11 de septiembre en Nueva York?

Ahora, en teoría, me tocaría dedicar cincuenta párrafos a aclarar la pertinencia de una palabra tan ambigua como "locos", y otros cincuenta para exponer una definición precisa del término. Pero no lo voy a hacer. No es que no quiera entrar a usar un vocabulario de caracter psicológico -de hecho, aquí va a ser fundamental-, sino que pienso que estaríamos desviándonos en exceso de nuestras pretensiones iniciales. Al hablar de "locos" lo que se hace es colocar al terrorismo en el orden de la irracionalidad, esto es, la imposibilidad de encontrar en su lógica de acción una racionalidad instrumental, un cálculo y una estrategia. [El texto de apoyo que estoy utilizando se llama 'Terrorismo y violencia política', de Michel Wieviorka, y está en http://www.galeon.com/terrorismo1/ ]

Dicho esto, me apresuro a responder que los terroristas del 11 de septiembre no estaban locos. Ahora bien, estaremos de acuerdo en que la respuesta dada no supone ningún avance ni ayuda a comprender por qué dos seres humanos son capaces de hacer lo que hicieron al mando de unos aviones comerciales repletos de pasajeros. Wieviorka [ver texto citado] menciona el concepto de 'inversión'. ¿Qué son los procesos de inversión? Básicamente se trata de una desconexión, de una pérdida de contacto con la realidad. Siempre tiene que ver con una figura de referencia (una comunidad, una nación, una religión...) en cuyo nombre se actúa pero con la que, paradójicamente, cada vez se tiene una relación más irreal. Esta desconexión con respecto a realidades concretas conduce a una subordinación a otros actores y referencias. Más que una pérdida de sentido, lo que se produce es una traslación del sentido.

El terrorista funciona, por tanto, de manera mítica, su violencia "está desconectada de la experiencia vivida de aquellos en nombre de quienes es utilizada" [Wieviorka: 1992]. Por ejemplo, la clase obrera en su momento cada vez era más indiferente -e incluso contraria- a los atentados indiscriminados de las organizaciones terroristas de extrema izquierda. En el caso del terrorista suicida esta desconexión responde al mismo esquema, aunque quizá necesite de referentes mucho más sólidos y elaborados (falseados), de una traslación de sentido mayor. En la actualidad el ejemplo arquetípico es el suicida integrista islámico, sujetos capaces de atarse un cinturón de explosivos al cuerpo y hacerlo estallar en un autobús lleno de gente o en un concurrido mercado.

No están locos, en el sentido clínico del término, pero sí son personas que se han sometido (o han sido sometidas) a un proceso de inversión como el que aquí estoy tratando de explicar. ¿Cómo lo hacen? Según Wieviorka, lo que opera es una transfiguración de las referencias o modelos matrices. El ejemplo canónico es el del marxismo-leninismo, inspirador de la mayor parte de las experiencias terroristas. Cualquier análisis serio se percataría del trastocamiento con respecto al pasado y a los textos de referencia, no ya de Marx, lo cual es evidente hasta para el lector neófito, sino del propio Lenin (respecto a la lucha armada, el actor revolucionario, etc.). En cuanto al fundamentalismo religioso, son precisamente las tendencias más radicales las que más reinvientan y reinterpretan a su antojo los textos sagrados.

El proceso de inversión, en suma, se completa, como hemos dicho, con una traslación del sentido. La paradoja es ridícula, y si no fuera porque trae consigo muerte y destrucción provocaría auténtica risa: el terrorista cree actuar en nombre y en favor de una religión determinada o una clase social específica o una nación concreta, pero lo que hace en verdad es actuar según las órdenes de la organización a la que pertenece, que ha asumido el sentido de realidad que explica la figura de referencia defendida.

El análisis de la lógica de la acción terrorista no puede prescindir de un concepto tan crucial como el de 'inversión'. Una vez comprendido éste es factible abordar la racionalidad y el caracter estratégico de las acciones terroristas y situarlas en un contexto de conflicto político.

Queda un importante cabo suelto por atar. Faltaría explicar más despacio por qué hay terrorismos que usan como repertorio de acción la autoinmolación y otros no. El hecho de que en el primer caso el proceso de inversión sea más elaborado y profundo, no resuelve el interrogante. A mi juicio, habría que introducir -en parte ya lo hemos mecionado- el factor religioso, cuya versión integrista o fundamentalista incluye esos "sacrificios". Sin embargo, ello nos obligaría a aceptar la existencia por otra parte de un terrorismo laico, cuyos activistas no se autodestruyen porque están libres de ese yugo religioso que los condena. Y este razonamiento me parece incorrecto, puesto que en última instancia todo proceso de inversión, en virtud de lo escrito hasta ahora, tiene un componente mítico-religioso, alberga una necesidad de fe, pues de otra manera sería complicado 'tragar' con determinadas falsificaciones y reinvenciones del pasado.

Otros argumentos, como el de la 'deseperación', el de la percepción de una 'injusticia extema', y valoraciones por el estilo, para explicar los métodos suicidas de algunos terroristas, hay que descartarlos si queremos indagar de manera rigurosa en el tema.

El estudio de los métodos y la lógica de acción de los terroristas suicidas de los atentados del 11 de septiembre tiene que seguir el esquema aquí representado, pero también ha de contar con otras variables, porque de lo contrario corremos el riesgo de reducir el análisis al ámbito psicosocial. Igualmente, las investigaciones del conflicto político no pueden eludir preguntas de tipo psicológico, aunque sean tan ambiguas y complejas como la que ha dado motivo a este artículo.

(c) L. E.
   
 
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